Hacia un Mundo Multipolar
Principios esenciales para la rebelión del Ser contra el simulacro postmoderno
Aleksandr Dugin sostiene que la historia política moderna no es un libre mercado de ideas, sino un proceso darwiniano de eliminación selectiva. El liberalismo (Primera Teoría Política) no triunfó por superioridad moral o racional, sino porque logró devorar o neutralizar a sus competidores directos.
El fascismo y los nacionalismos biológicos fueron aplastados militarmente. Su derrota no solo eliminó un régimen, sino que demonizó cualquier defensa orgánica de la identidad colectiva, asociándola irreversiblemente con el mal absoluto.
El comunismo, rígido y materialista, no pudo adaptarse a la velocidad del capital global. Su caída permitió a Fukuyama proclamar el “Fin de la Historia”: el liberalismo como destino inevitable de la humanidad.
Sin enemigos externos, el sistema ataca sus propias bases: familia, sexo binario, soberanía cultural, incluso la noción misma de ser humano. El individuo atomizado es el último reducto… y también su tumba.
La 4TP no es una ideología más; es la ruptura ontológica con la modernidad entera. Rechaza por igual las tres formas modernas, rescatando solo elementos descontaminados de su reductivismo.
Liberalismo, comunismo y fascismo comparten un pecado original: el modernismo. Todas subordinan al ser humano a una abstracción temporal o material.
Las tres ideologías abrazan la flecha del progreso: cuanto más “avanzado” el tiempo, mejor el hombre. La 4TP responde con Heidegger y la Tradición: el tiempo es cualitativo, no cuantitativo. Lo que Occidente llama progreso puede ser, para otras civilizaciones, pura decadencia espiritual.
Para el liberal: el hombre es consumidor individual. Para el marxista: unidad productiva. Para el fascista clásico: espécimen biológico al servicio del Estado total. Ninguna reconoce el Dasein – el ser-ahí en su dimensión comunitaria, espiritual y trascendente.
| Teoría | Elemento rescatado (descontaminado) | Elemento rechazado radicalmente |
|---|---|---|
| Liberalismo (1PT) | La idea de libertad (pero como libertad del Dasein, de la cultura y del pueblo, no del individuo aislado) | Individualismo posesivo, mercantilismo absoluto, desarraigo, progresismo lineal, universalismo homogeneizador |
| Comunismo (2PT) | La crítica al capitalismo salvaje y la justicia social orgánica (fraternidad más allá del odio de clases) | Materialismo dialéctico, ateísmo militante, economía como destino, totalitarismo burocrático |
| Fascismo / Nacionalsocialismo (3PT) | La defensa orgánica de la identidad colectiva y el rechazo al cosmopolitismo liberal | Racismo biológico, etnocentrismo excluyente, culto al líder carismático moderno, biologismo reduccionista |
La 4TP no es síntesis ecléctica: purga lo moderno de cada una para elevar lo eterno y comunitario.
En el centro del esquema está el Atlanticismo – la alianza anglo-americana que se convirtió en globalismo. No domina solo con portaaviones, sino con hegemonía cultural y semántica.
El objetivo final es un individuo sin raíces, leal solo al mercado y al consumo. Un joven en Lima, Moscú o Yakarta debe desear los mismos productos, las mismas series, la misma ideología de género.
El atlantismo liberal ha perfeccionado un mecanismo de control ideológico casi perfecto: cualquier crítica sustantiva al sistema es desviada automáticamente hacia las dos ideologías derrotadas del siglo XX, generando un falso dilema que paraliza el pensamiento disidente.
De esta forma, el sistema cierra el horizonte: fuera del liberalismo solo quedan los horrores del gulag o de Auschwitz. Cualquier intento de escapar de la jaula modernista es criminalizado por asociación con los totalitarismos pasados. La 4TP rompe esta trampa ontológica al rechazar por igual las tres modernidades: no critica el liberalismo desde dentro de sus coordenadas (como hacían comunismo y fascismo), sino desde una posición exterior radical, basada en el Dasein, la Tradición y el multipolarismo civilizacional. Así disuelve el chantaje binario y abre espacio para una política auténtica del Ser.
Frente al círculo plano y repetitivo de la modernidad, la 4TP se presenta como Pirámide Negra: jerárquica, estable, orientada hacia lo alto. No es aristocracia decadente: su base es el pueblo-tierra-soberano; el vértice es lo sagrado que protege y eleva la base, no la parasita.
Los círculos giran eternamente sobre el eje del progreso lineal. La pirámide detiene el giro: base amplia en el pueblo y la tierra, vértice en lo divino.
Frente al “océano” globalista sin límites, propone “islas” civilizacionales soberanas: Eurasia (con Rusia como eje), Gran Espacio Chino, Mundo Islámico, África multipolar, Iberofonía (España, Portugal y América Latina hispana como posible Gran Espacio Ibérico), Japón recuperando su tradición sintoísta-imperial sin occidentalización forzada, India ahondando en el dharma civilizacional más allá del nacionalismo hindutva moderno, y bloques africanos subsaharianos afirmando sus Logos ancestrales contra el neocolonialismo. Cada una debe recuperar su propio Logos –su tradición espiritual, cultural e histórica– para resistir la homogeneización atlantista.
La 4TP considera cualquier jerarquía racial materialista o etnocentrismo excluyente como otra forma de modernidad reductiva y la rechaza con la misma fuerza que rechaza el individualismo liberal. La identidad es destino espiritual y cultural, no biología ni exclusión cerrada.
Por ejemplo, en el caso de España, la 4TP permite reinterpretar su idiosincrasia: la tradición católica profunda, la herencia imperial hispánica y la soberanía frente al atlantismo de la UE/OTAN. Así, cada civilización puede adaptar la teoría a su esencia única, sin caer en un universalismo impuesto ni en un particularismo cerrado.
La economía al servicio del Ser, la soberanía y el pueblo
La Cuarta Teoría Política no propone un nuevo dogma rígido, sino una invitación ontológica a romper con la modernidad en todas sus formas. En un mundo donde el liberalismo devora todo lo orgánico y lo sagrado, la 4TP ofrece la posibilidad de un retorno al Dasein auténtico: el ser humano encarnado en su comunidad, tradición y destino espiritual.
El multipolarismo que defiende no es mera geopolítica; es la afirmación de que cada civilización tiene derecho a su propio Logos, a su propio camino hacia lo eterno. Ya sea en Eurasia, en el mundo islámico, en China o en la Iberofonía, la pirámide negra se alza como símbolo de jerarquía vertical contra la horizontalidad líquida del globalismo. Resistir no es retroceder: es despertar el fuego de la Tradición para conquistar un futuro que no sea simulacro.
El multipolarismo no elimina los conflictos —los devuelve a escala humana y civilizacional en vez de guerras proxy globales por la hegemonía unipolar. La 4TP no promete un paraíso sin fricciones, sino la posibilidad de una historia auténtica donde los pueblos soberanos puedan existir y desarrollarse según su propio destino, sin uniformidad posthumana impuesta.
La lucha ya no es entre ideologías modernas agotadas; es entre el Ser y el no-ser, entre la pluralidad de los pueblos soberanos y la uniformidad posthumana. La 4TP es, en última instancia, una llamada a la rebelión existencial: existir es resistir.
Este horizonte multipolar ya no es mera teoría: en 2026 se materializa en proyectos concretos como el BRICS ampliado (con 11 miembros plenos incluyendo potencias como China, Rusia, India, Indonesia, Irán y países africanos), que impulsa la desdolarización, el comercio en monedas locales y el Nuevo Banco de Desarrollo como alternativa al FMI; la Alianza de Estados del Sahel (AES), que encarna la soberanía africana contra el neocolonialismo atlantista; la Organización de Cooperación de Shanghái (SCO) como eje eurasiático; y el avance de polos civilizacionales independientes en el mundo islámico, China continental y la Iberofonía, todos resistiendo la unipolaridad y afirmando Logos propios en un mundo genuinamente plural.
¿Cómo se aplica la Cuarta Teoría Política en el mundo real? La creación de la Alianza de Estados del Sahel (AES) es el ejemplo más actual de la lucha por la multipolaridad y el rechazo al atlantismo.
Ver Proyecto Sahel y la AESLa Cuarta Teoría Política (4TP) nace en el contexto ruso y se inspira en su posición geopolítica continental, pero se presenta a sí misma como una teoría aplicable a cualquier civilización que quiera defender su propio “Logos” o principio de identidad. Según esta visión, proyectos como la Iberofonía, ciertos bloques islámicos o africanos podrían desarrollar versiones propias, siempre que apuesten por un orden mundial genuinamente multipolar y no por un nuevo centro hegemónico único.
La 4TP critica al comunismo no tanto por su oposición al liberalismo, sino por su raíz materialista. Sostiene que el marxismo reduce la realidad principalmente a lo económico y al progreso material, mientras que para la 4TP la cultura, la tradición y el espíritu deben ocupar el lugar central, y la economía quedar subordinada a ellos.
Desde la 4TP, la religión se entiende como la columna vertebral de muchas identidades civilizacionales. En vez de verla como un simple instrumento de alienación, se la concibe como un marco de sentido que protege al ser humano de quedar reducido a mero agente de producción y consumo en sistemas económicos impersonales.
En general, la 4TP se distancia de los nacionalismos modernos típicos de la Tercera Teoría Política (fascismos, nacionalismos de masas del siglo XX). Suele presentarse como tradicionalista y “etno‑pluralista”: defiende lo propio, pero subraya la pluralidad de civilizaciones y declara rechazar el racismo biológico y los exclusivismos basados en criterios puramente materiales.
La crítica se dirige sobre todo al nacionalismo entendido como chovinismo o intento de imponer un modelo a otros. La 4TP propone, en cambio, que cada pueblo y cada gran espacio civilizacional tenga un ámbito propio donde desarrollar su forma de vida sin pretender convertirla en medida universal para el resto.
A diferencia de los sistemas del siglo XX, no buscamos el control estatal ni la lucha de clases. Defendemos un sistema donde la propiedad privada es un derecho inalienable de las familias y pequeños productores, protegidos frente al Gran Capital transnacional. No estamos contra el mercado, sino contra la distorsión financiera que permite que el dinero genere dinero sin producir nada, asfixiando a los emprendedores reales con deudas y especulación. En la 4TP, el éxito económico es el premio al ingenio y al esfuerzo en el mundo real, no a la manipulación de algoritmos financieros en despachos globales.
No. La propiedad privada se concibe como prolongación de la libertad personal y familiar, pero deja de ser un absoluto. La idea es que la propiedad se inserte en un marco más amplio de bien común, de modo que no pueda utilizarse legítimamente para erosionar la comunidad, la soberanía o la continuidad cultural de un pueblo.
La 4TP suele hablar de “economía orgánica”: reconoce el papel del mercado, de la competencia entre actores relativamente pequeños y enraizados (productores locales, artesanos, pymes), pero se muestra crítica con la noción de “Libre Mercado” global entendido como dogma. El mercado es visto como una herramienta sometida a criterios políticos y culturales, no como una instancia neutral que dicte por sí misma las normas de la sociedad.
No necesariamente. Desde la 4TP, el problema principal no es el intercambio en sí, sino la concentración de poder económico en grandes estructuras transnacionales difíciles de controlar políticamente. Se valora el comercio local y el intercambio entre iguales, y se propone protegerlo frente a monopolios u oligopolios que puedan subordinar por completo a comunidades y Estados.
La 4TP suele proponer acuerdos de “bloque a bloque”, entre grandes espacios civilizacionales, más que una integración global homogénea. En esta lógica, se mira con desconfianza el uso de una única moneda global dominante, y se prioriza que cada bloque mantenga cierto grado de autarquía y margen de decisión económica propio.
Los defensores de la 4TP sostienen que su objetivo no es instaurar una dictadura, sino devolver protagonismo a las formas de vida y valores heredados de cada comunidad frente a una cultura global estandarizada.
La 4TP cuestiona la idea de un individuo completamente aislado, concebido sobre todo como consumidor y titular abstracto de derechos. Sostiene que la libertad solo cobra pleno sentido dentro de marcos comunitarios concretos (cultura, fe, pueblo), y que el reto no es tanto maximizar opciones aisladas como hacer posible una vida con propósito compartido.
No niega la dignidad humana, pero critica el uso de ciertos estándares de “Derechos Humanos” como instrumento político global que, según esta perspectiva, responde a una visión cultural concreta (occidental y liberal) presentada como universal. Desde la 4TP se defiende que cada civilización tenga margen para articular su propia comprensión de lo humano.
No. La tecnología se valora como una herramienta poderosa que puede ponerse al servicio de proyectos muy distintos. Lo que la 4TP critica es la deriva hacia modelos de vigilancia, control masivo o ideologías transhumanistas que rompan con los límites y significados tradicionales de lo humano.
La 4TP se presenta expresamente como un intento de ir “más allá” del eje izquierda/derecha propio de la modernidad política. Afirma querer conservar de la izquierda la preocupación por la justicia social y de la derecha la defensa de las tradiciones y de la identidad, pero proponiendo un marco que reordene ambos elementos alrededor de la cuestión civilizacional y espiritual, lo que lleva a muchos analistas a situarla en un terreno distinto a las categorías políticas habituales.